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lunes, 19 de diciembre de 2016

El artista

¿Quién es un artista? Vivimos en un mundo y en un país en el que lo artístico está especialmente maltratado. Se desprecia al que opta por unos estudios vinculados con el arte, porque se considera algo poco sólido, de fácil evaporación, a lo que cuesta agarrarse. No lo digo yo, lo dicen el número de institutos en el que el bachiller artístico se ha eliminado.

Ponemos muy difícil a los artistas vivir de su profesión. Apenas unos privilegiados pueden ganarse la vida solo con esta faceta profesional. Un gran número de actores y actrices necesitan otros empleos para llegar a final de mes. Además, el gobierno español da un paso más en las dificultades: un 21% de IVA cultural.

¿Quiénes son los artistas? Balas sobre Broadway, una película de Woody Allen, reflexiona sobre ello.  David Shayne (John Cusack) es un autor teatral que se encuentra con problemas para llevar su obra a cabo. De momento, este personaje podría vivir en España, perfectamente. Contaré algunos detalles sobre la película. Soy de los que piensa que los spoiler, a veces, están justificados y no estropean nada. El final de muchas obras es, en verdad, disfrutar del camino a ese final. Pero que cada uno decida si quiere seguir leyendo.

David consigue financiación para su película gracias a un gánster, a cambio de que la chica de este tenga una participación en la obra. La película cuenta con muchos personajes carismáticos, lo que ayuda a que el ritmo sea bueno, ya que aparezca quien aparezca en pantalla, garantiza un buen momento. Helen Sinclair (Dianne West), una diva del teatro que es, para que se hagan una idea, una Estela Reynolds pero de verdad: estratega, exagerada, sobreactuada y alcohólica. Warner Purcell (Jim Broadbent) es otro veterano actor que no para de comer en toda la película hasta ponerse como un tonel. Tan simple y tan gracioso como esto.



La verdadera película comienza con Cheech (Chazz Palminteri) el guardaespaldas de la novia del gánster, que le acompaña a los ensayos. Cuando surgen conflictos en la obra, este matón  se descubre como el verdadero artista. Comienza a dar consejos y parece que conoce la obra mejor que el propio autor. ¿Cómo es posible que un gorila de la mafia, sin formación y educación consiga dar el giro que necesitaba el guion?

Para el que conozca la mafia, sabrá que la lealtad es uno de los elementos más importantes. Pues Cheech está dispuesto a cargarse a la novia del jefe, ya que es una actriz nefasta. Su implicación en lo artístico es tan grande como para arriesgar su propia vida. Aquí Woody Allen vuelve a demostrar su maestría. El artista vence al asesino. Le sobrepasa.

David, el autor de la obra, termina por darse cuenta de una gran verdad: él, no es un artista. En cambio, Cheech, por muy asesino y matón que sea, sí está en contacto con las personas y con el arte. Aquí, encontramos una gran tragedia: ¿Cuántas personas se sienten artistas y realmente no lo son? ¿Cuántos cuadernos se quedan en el cajón por miedo a no valer? ¿A cuántos aplaudimos cuando no tienen un verdadero talento?

Esta película asegura que cualquiera puede ser un artista, incluso un mafioso. Esta historia nos cuenta que la formación no es tan necesaria si detrás hay verdadero talento. Pero la formación sí sirve para algunas cosas. Por ejemplo, para conocer a más gente que tenga las mismas inquietudes que tú, para darte a conocer, para descubrir claves de tu oficio o para, como mínimo, sacarte del pozo.

¿Cuántos artistas se pierden a diario en el mundo? Por falta de oportunidades, por la desigualdad. Dadas las grandes carencias que vemos a diario, parece que la cultura es menos importante. Yo no lo creo así. La cultura ayuda a cambiar el mundo, a transformar pensamientos y, por tanto, a cambiar personas. La cultura ayuda a que seamos menos bárbaros. ¿Cuántos artistas se juegan la vida saltando la valla de Melilla? ¿Hay un gran escritor, pintor o actor intentando salir de Alepo? ¿Estamos perdiendo un artista con la eliminación del bachiller artístico?


¿Quién es un artista? Lo explica Woody Allen: Cheech lo es a pesar de todo y David, por mucho que lo intenta, no podrá serlo nunca. Un artista no es, siempre, el que cree serlo o quiere serlo. Es un don con el que se nace o no se nace. 

martes, 20 de septiembre de 2016

¿Humanos o bailarines?

Crítica de la novela de Haruki Murakami Baila, baila, baila



Es posible que existan aprendizajes de los que solo se pueda ser consciente por medio de la ficción y, en especial, de la literatura. "La ficción salva, la realidadmata. Pero necesitamos ambas para vivir". Es una frase del escritor Javier Cercas, muy repetida en su novela El Impostor. Estas palabras me llevaron a la idea de que ese complicado propósito humano que es vivir en el presente –pues constantemente nos encontramos en el pasado y en el futuro- a veces es solo posible a través de la ficción.

Es irónico que cuando salimos de nuestra cabeza sea cuando más conscientes seamos, precisamente, de lo que esta quiere y necesita. Somos capaces de escucharnos. Es cierto que esto sucede en gran medida porque nuestra voz interna calla al estar atenta a una historia –lo que, por cierto, viene genial- pero también sucede que en los libros, encontramos respuestas. Respuestas para nuestro presente. A mí me ha pasado esto con Baila, baila, baila del escritor japonés Haruki Murakami.

Quizás no sea esta su mejor novela, pero sin duda ha sido la más trascendente en mí. La novela cuenta la historia de un hombre que se siente perdido, y en él podemos observar sensaciones por las que todos hemos pasado alguna vez: apatía, frustración o añoranza.

Puede parecer sencillo crear personajes con los que la gran mayoría se sienta identificado, y en cambio es una de las más arduas tareas de un escritor. Murakami suele dar en el clavo y este caso no es una excepción. Y a pesar de las agrias sensaciones por las que pasa el personaje, no se trata de una novela triste. De hecho, creo que es una de sus historias más positivas. La vida de los personajes consigue fluir y brotar a través del drama y la complicación, lo que por cierto le da un gran baño de realidad.

Esta historia es la historia de un viaje. Pero sin planificación alguna. Es el viaje de la vida, por el que todos debemos pasar obligatoriamente mientras estemos por aquí. Murakami cuenta con su peculiar mezcla de ficción y realidad lo necesario que es a veces que nos dejemos llevar. Sin saber muy bien a qué lugar llegaremos, pero con la certeza de que el camino es la única salida: “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”.

Caminar, o bailar, según se tercie. “Baila –dijo el hombre carnero-. No dejes de bailar mientras suena la música. ¿Lo entiendes? Baila. No dejes de bailar.” Es la frase que, para mí, resume la novela. Por cierto, es una frase –y un significado- que me recuerda mucho a la canción Human de The Killer: “¿Are we human or are we dancers?”. ¿Somos humanos o meros bailarines en un mundo que no deja de sonar? Como en las grandes cuestiones, la respuesta a la pregunta suele ser la misma pregunta.



Me gustaría destacar, también, la presencia que tiene el pasado en la novela. El protagonista decide acudir al Hotel Delfín, un lugar en el que estuvo en el pasado y con el que, sin mayor explicación, se siente conectado y tiene la necesidad de volver. Es condición necesaria para empezar su viaje, un viaje del que ni si quiera es consciente todavía.

Es sin duda una manera que tiene el autor de decirnos que es necesario que cerremos las heridas con nuestro pasado para poder avanzar. Siempre he creído cierta la frase que dice Sabina en Peces de Ciudad: “Al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver”. Lo creo porque segundas partes nunca fueron buenas – excepto El Padrino II-. Quizás, la frase que debería preceder a la anterior sería aquella que dijera solo un lugar será feliz si te sientes en paz con él. No busquen la autoría de esta frase, me la acabo de inventar.